La roca del tiempo

PUBLICACIONES

Colección de apuntes sobre arte IV

LA DISPERSIÓN, LA MUERTE, LA ETERNIDAD, LOS OJOS, LAS ESTRELLAS. EL DESEO.

Breves argucias para vivir muriendo.


Los ojos dispersos por la muerte en la eternidad de las estrellas y el deseo.
páginas

SEGUIR - FOLLOW

COMPARTIR - SHARE

Facebook Twitter

REGRESAR

SIGUIENTE

43



Había una maestra en la universidad que me tenía tirria. Era de la vieja guardia del diseño, de cuando se inauguró la disciplina propiamente dicha, y en la que el conocimiento sobre diseño parecían las rígidas ásperas tablas de la ley, inflexibles e irreflexivas. Normas a ejecutarse. Su clase era sobre producción, aspectos técnicos y modos de producción en las artes gráficas. Había, aparte, un rubro sobre el color. La aplicación del color, la percepción del color, aspectos neurocientíficos sobre el color (añádase otros estudios ortodoxos de corte Gestaltiano). Me descalificó, porque llegaba tarde a sus clases, desgreñado, por esa época trabajaba en el cine y tenía turnos muy largos de 12-15 horas sin descanso, dormir tres horas e ir a la universidad. Preparaba fichas y exposiciones en mis trayectos, leía en las rutas, en el desayuno en la comida la cena. A cada momento estaba ocupado. No tenía tiempo para perder en nada, entre sobrevivir y calzarme, estudiar trabajar nunca descansar, lavar el baño de la casa o toda la casa los fines de semana, la ropa, la cocina, etc… Para que un día la señora me saliera con que no había que juntar dos colores secundarios opuestos o dos primarios opuestos porque vibraban y era un efecto retiniano desagradable. La vibración. Eso se me quedó por siempre, empecé a hacer lo que no se podía hacer, lo que no se debía hacer. Juntar los colores que vibraran. Por dentro, pensaba, en qué mundo había vivido esta señora y si imaginaba en el que yo vivía. Apenas pasé su clase con un 6. Merecido 6, diabólico 6, inframundano 6, condenado 6, ardiente y fervoroso 6. Lo demás era vanidad, me decía para mis adentros. Vivía cerca de una plaza, iba a comprar bolillos, ella vivía por ahí. Ya no era su alumno. Nos veíamos por ahí de vez en cuando, veía su atuendo, en esos tiempos yo vestía estrambótico, estrafalario, de colores estridentes, chillones, vivos, dilátame la pupila. Ella caqui, beige, lo más aventurado era el verde olivo. Nos examinábamos toda la ropa, cada conjunto, cada vez más detenidamente con una risa sardónica de mi parte, con un juicio acusador desde su esquina del mundo. Era una danza en torno a la estupidez del contrincante. Dábamos vueltas en nuestros colores, en la jaula de la definición jactanciosa. Ella con su risa contenida de sapiensa, yo con mi locura exhibiéndose, despotricaba. Me hallaba con mi bolsa de papel marrón, sin igual, sacaba un bolillo, me hallaba mordiendo mi bolillo, no puedo decir que no nos saludáramos. Mordía mi bolillo de regreso a casa, le arrancaba los pedazos a mi bolillo de camino a casa.

... de niño mi madre me vestía de rojo y mi hermano era azul. quizá mi madre no tenía intención alguna, salvo vernos a azul y rojo. a la fecha creo que se exaltaba el color contrario de lo que en su interior cada quien era. yo soy azul y mi hermano rojo. yo me despido, mi hermano saluda.

   

box-set
box-set
43 box-set



REGRESAR

SIGUIENTE

SEGUIR - FOLLOW

COMPARTIR - SHARE

Facebook