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¿Quién es capaz de encarnar un ideograma en cada curva de su símbolo, inteligible en cada absoluta traza? Encarnarlo.
Pilar de sosten de las consignas modernas, la originalidad era búsqueda y cimiento de propiedad. Erigidos autores, soy esto. Provenientes del esclarecimiento que la fotografía inflingía a los estatutos de verdad, el arte migró a cuestionarse, sus causas o motivos y a tratar de explicar el predominio de sus dotes. Todos somos traductores. Los otros hacen una traducción de nosostros irreconciliable ni siquiera al momentáneo espasmo que se es. En el oficio de poeta, C. P. habla sobre el epígono que abre brecha entre la maleza para explorar otros caminos, hacerlos, otros van tras sus pasos y acaso lo perfeccionen, lo muten, lo hieran, lo traicionan. Si abro camino es para traer frutos a otros que de saber, sabrán saborear incluso mejor que yo esos saberes. Quizá vaya sobre los pasos de otro y después termine por variar mi errancia, mirar en otros lugares en el lugar mismo. Incluso a transformarlos y degenerarlos. Los modificarán para bien o para mal, poco importa el mito y leyenda de lo original, que la modernidad intentó construir so pretexto de fetiche y verdad, de poder, báculo, y a fin de sobradas cuentas, ser estos oximorones del dinero, las subastas y los artistas sobrevaluados muertos y los medio muertos, en las masmorras del capital, y los millares de artistas vivos, sacrificados vivos. Encumbrando fiambres. En la inyección letal de sentenciados a desaparecer para que brillen unas cuantas estrellitas vanas. ¡Qué galaxia! ¡Qué idiotez!
No deseo que mis cosas sean puestas nunca en un museo. Detesto la arquitectura social de los museos, veo las manos que los erigieron y sostienen y deploro a los museos, sus policías. Tal vez ser recopilado y publicado en libros cerrados, que abra quien su curiosidad e interés llame, para ser cerrado en el momento en que me vuelva irrespirable. Estar de manera insólita de incógnito dentro de las casas, en silencio. Si no llegase la ocasión de una digna publicación, desaparecer también estará bien. Fui muy feliz.
Para deshacerse del mito de la consciencia. Dejemos caer el mito en una gravedad sin suelo. Como hizo einstein para comprobar que el espacio es curvo y que si no se opone resistencia lo que se cae, cae infinitamente dando vueltas en el espacio cóncavo del universo, infinitamente dejemos caer el mito de la consciencia. Si juntamos todo el conocimiento de todos los humanos en una actualización inmediata, no es nada en comparación al misterio que vela el universo. Si tomamos el conocimiento, subjetivo, objetivo, del ser humano el que sea, es nada en comparación al cúmulo aglomerado de todos. La M. decía una paradoja muy singular al respecto, cada vez que más leo, me doy cuenta cada vez más que soy más ignorante cada vez más. me doy cuenta que ignoro más y más. es vertiginoso.
de niño me sentaba en la oscuridad a estar tranquilo, amaba el silencio y la oscuridad. era la paz interior o el estar vacío, de haber algún interior, tan tranquilo. amaba estar solo, apenas a la edad de 5 años, recuerdo quedarme en mi dormitorio momentos placenteros de oscuridad y silencio. mi madre hace poco me contó, al contarle yo esto, que en la noche estando yo en la cuna junto a su cama, de repente, se despertaba y veía unos grandes ojos que la miraban… en la madre, se decía para sí, espantada. ahí estaba yo, en silencio, diminuto, despierto en la oscuridad y el silencio.
me gustan las putas. y quizá a una que otra puta le guste yo. si tuviese dinero para casarme con una lo haría, me domesticaría y la domesticaría, en una contradicción absurda, unidos en una jaula de fieras. que fuese independiente, que sea lo que se es, y que copule con otros hombres como es que le plazca, hasta donde le plazca.
Para mí, la pintura abstracta es el purgatorio de la pintura. Gente flagelándose en la culpa, arrastrados en el regocijo de la culpa reiterativa. Lo que se ve en esos cuadros, en una lectura, consiste, como se suele hacer a grandes rasgos, lectura burda de la realidad, lo que se capta son la llagas. Esas reiteradas llagas infligidas frente a la nada, cargar una culpa primigenia, original, instantáneo martirio original. Esto lo descubrí, en un mal pintor abstracto, entre los otros se disimula mejor toda esa exoneración de la culpa, lo saben esconder mejor, la treta es de mayor eficacia. Como los perros que saben esconder un hueso para roer después, y mientras se olisquean sus partes. Sin querer ocasionarle nada a nadie, ni bueno ni malo. No interceder por nada ni por nadie. intento de quedar bien con dios y con el diablo, siendo estos, una irrisoria invención.
Alguien que requiere de la regla gramatical para andar, se adecúa a los moldes. Nunca se sabe, se descubre y se olvida. Es un lisiado, no conozco mas que lisiados de las artes. A aquel le falta un pie, a ese otro le volaron medio costado. Las artes son una fábrica de bultos desmejorados. Bultos eternos bultos empaquetados para ser enviados hacia la nada.
Los perros pasan su nariz sobre la huella. Los lobos pueden seguir el rastro de una presa. Los hombres al levantar la arcilla de una huella por su humedad alcanzan a saber el tiempo que lleva ahí desde que su hueco hendidura fue expuesto y al seguir el horizonte en el que se escabulle, la dirección que traza y el propósito. Se lee. Es curioso que el hombre no lea cuándo se dirige hacia una trampa.
Son los jueces de este mundo que creen en sus parámetros y nos quieren hacer creer en ellos, en sus medidas, sus reglas, desde sus criptas de hierro. A esos jueces no nos queda otra opción que maltratarlos, maltratarlos con sus ortodoxias religiosas. Hacerles sufrir lo que quisieran infligir sobre los otros. Parásitos. Qué sería de la fuerza sin estos parásitos que transitan por la sangre.
El hombre moderno que creía ser original hacía una obra capital, y de ahí derivaba a todas sus otras crías que se le pegaban a la chichi. Lo que nunca nos revela el hombre moderno es de dónde proviene esa obra capital de la que según es artífice incólume de ningún otro autor, con el que elabora su mito de origen. Digamos, que decía ser gesta de sí mismo, una especie de onanista sin referentes, sin vínculos con el mundo, sin relaciones, sin tiempo, aislado, sin lecturas previas, que aprendió su lenguaje por generación espontánea, un mentiroso que en el fondo sabía mentir. Con la muerte del hombre moderno muere el autor inventor todo poderoso, el ingenioso origen de los orígenes, la estafa promontorio, el engaño de la maestría, la treta de ser único e inigualable. Demasiadas veces, y no solo lo ocultaba para el público, lo ocultaba para sí mismo; sobra decir que los fanáticos seguirán, y los que desean tener sus huestes de fanáticos continuarán, eso no se acabará nunca. La humanidad oscila de idiotez en idiotez. Es increíble la cantidad de huevecillos que sembró el hombre moderno, todavía fulguran los farsantes con sus banderas desgarradas, alelados alelantes, narcisos tronchos. Lo peculiar de este hombrecillo es la jactancia de sus supuestos saberes, su ignorancia refinada. Nada sale de la nada.
La verdad no existe, aquel que habla en nombre de la verdad intenta imponer su verdad a los otros. La verdad que sobrevive es la metáfora más eficciente en el supuesto consenso de una falsa democracia. Lo que existe son mentiras intencionadas, miente el que sabe que miente. El que no sabe que miente con eso puede justificar la imbecilidad con la que contagia a sus congéneres. El mundo humano no es más que una plaga de mandíbulas trastabillando órdenes.
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